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Forjando Alma y Cuerpo… Naturalmente – 1ª parte

de Roberto Amorosi Hernández

Publicado en Olympian’s News nº 143 Noviembre/Diciembre 2013

(SCARICA IL PDF IN ITALIANO)

 

Navegando en el actual “océano” del web, repleto de informaciones contradictorias, es a menudo fácil ir pegando brazadas en cada dirección sin nunca encontrar tierra firme.

Mi brújula ha sido siempre la de seguir lo que me suscitaba una fuerte motivación, que fuese verdaderamente capaz de encender la llama del entusiasmo por el entrenamiento, para empujarme más allá de mis límites.

Durante ya hace 20 años de “pruebas y errores” con el Natural Bodybuilding he podido experimentar diversos enfoques y estrategias pero fue con el Breve Intenso Infrecuente Organizado que  “explosioné” alcanzando unos resultados que seguramente eran muy lejanos de mi imaginación de… enclenque.

Sin embargo, no ha sido desde luego un camino del tipo “Roses & Flowers”, porque el estancamiento llegó puntualmente en diversas y difíciles  ocasiones, momentos en los que no podía en absoluto dejar que el espíritu de superación que me había permitido obtener ciertos resultados, dejara espacio a las excusas sobre la genética.

Por ello, me gustaría contaros mi historia personal, con la esperanza de que muchos de vosotros puedan sentirse identificados y de que consigáis  extrapolar ideas interesantes para continuar progresando y alcanzar vuestros objetivos de una forma cuanto más lineal posible…

TODO EMPEZÓ…                                                     

Cuando me inscribí por primera vez en un gimnasio teniendo 14 años, delgadísimo no obstante hubiera sido siempre físicamente muy activo. Venía de 2 años de natación y 3 años de futbol federado con el club de mi ciudad. Estaba acostumbrado a destrozarme con cualquier tipo de actividad, desde el ciclismo a flexiones y tracciones “caseras” con la esperanza y la convicción de alcanzar algún día un cuerpo al estilo “Ken Shiro”, una manga (en España «El puño de la estrella del norte») que me volvía loco y que muchos recordaran.

Aunque en realidad, mi objetivo más inmediato, no era de ningún modo el de volverme culturista sino simplemente superar a mi hermano mayor (de  6 años) por el que sentía una sana competitividad y admiración. Recuerdo aún la vergüenza de los primeros días en sala, me ponía rojo como un tomate en cuanto empezaba a bajar las escaleras, era el enclenque del “Fitness Club” y cuando la gente se reía o hablaba en voz baja pensaba que se estaban burlando de mí. Tenía seguramente  un problema de autoestima (evidenciado por una actitud cifótica) que me empujaba a darlo todo desde el principio. Recuerdo la primera rutina para principiantes (genérica), colgada en la pared una full body de 15-20 repeticiones que seguíamos los novatos mientras el instructor – Enrico – nos preparaba una rutina personalizada. Al final de cada sesión mi cuerpo temblaba como una hoja, no podía ni peinarme, seguramente debido a que después de haber terminado mi rutina, seguía entrenando “a escondidas” con la de mi compañero de clase, no obstante el instructor me dijera: “No te pases que mañana no te vas a poder mover!” …tenía razón!! Pero yo quería crecer “Hoy”.

Las pesas me gustaron desde el primer momento, memorizaba velozmente los ejercicios y los nombres de los músculos, provocando unos cuantos quebraderos de cabeza al instructor con miles de preguntas. Observaba las fotos de los físicos estratosféricos de los culturistas profesionales colgados en sala, junto con un atlas de anatomía construido sobre la foto de Frank Zane, y me preguntaba por qué razón el músculo debía crecer contrayéndolo y relajándolo por un número determinado de repeticiones. Yo no veía que pasara nada… todo parecía un poco como una especie de «creencia religiosa», cuyo mantra estaba escrito en la pared justo encima de la Prensa de 45º y ponía: “HEY TU, EMPUJA MÁS”. Y por fin llegó la rutina “Personalizada” con el típico SPLIT (división muscular) compuesto por ejercicios básicos en piramidal y algún complementario con serie fija que debía realizar 3 veces por semana, nada de extraño si no hubiera sido por la total ausencia de descarga en la programación, por lo que después del primer  trimestre comencé a sentirme cansado y empecé a pensar que “hacer pesas” fuese un poco aburrido. Había ganado un par de kilos, pero en el espejo, por supuesto, no se reflejaban, y aquello parecía una misión imposible.

Abandoné durante unos meses para probar con las artes marciales, después de una pelea bastante “fea” en un bar de mi pueblo. Hacía un montón de kilómetros en autobús para entrenar en el gimnasio de Full Contact más cercano, inspirado en las películas de Van Damme (no esas chapuzas para nenazas a lo “Karate Kid”). Quería pelear, no “dar y quitar cera”… sin embargo las pesas seguían allí (delante del tatami) y no podía dejar de levantar el maldito hierro, por lo que normalmente intentaba llegar antes para hacer algún ejercicio antes de las clases. Me había literalmente enamorado de las artes marciales, pataleaba arriba y abajo cada día, llegando a romper diversas plantas en mi casa con mis nunchakus y usaba normalmente a mis amigos como “cobayas” para cada tipo de experimento japonés… Si japonés, porque después descubrí que mi maestro de “Full Contact” era en realidad un Karateka y Judoka con una “superior” visión del Marketing (afuera el cartel indicaba por lo menos 6 Artes Marciales diferentes, pero dentro todos hacíamos karate sin saberlo… un genio).

Por lo tanto, decidí inscribirme a una escuela de Karate cercana a mi pueblo y empecé pronto a competir en el Kumite (combate). Las pesas se volvieron una parte integrante de mi preparación física y finalmente empecé a sentirme cómodo con mi propio físico que estaba volviéndose cada vez más tónico y además, si alguien  me decía que estaba demasiado delgado, yo le podía responder “Sabes… para hacer  Karate no debo estar muy grande”, que era como decir “No estoy grande porque no quiero, no porque no puedo”.

Mi objetivo ya era claro: transformar mi grácil cuerpecito en una máquina de guerra italo-nipponica. Soñaba con poder conseguir ser un Karateka profesional como mis ídolos cuyos videos en VHS estudiaba cada día. Los primeros años de entrenamiento no eran estructurados en absoluto, entrenábamos un poco al azar, pero con el tiempo mi gran maestro, Luca, decidió ceder mi preparación de Kumite a uno de sus  colegas, Massimo, que se volvió mi 2º maestro. Las cosas comenzaron a cambiar: durante el verano hacíamos trabajos genéricos en pista de atletismo sobre resistencia, tolerancia al ácido láctico, resistencia a la velocidad. Después durante la temporada agonística de Kumite, añadía a los numerosos entrenamientos de Karate, un par de sesiones de pesas estructuradas  básicamente en 2 mesociclos – Fuerza Resistente y Fuerza Rápida – que seguía durante 4 o 5 meses. Al finalizar la temporada y acercarse el verano, retomaba  la clásica rutina para hipertrofia.

Era el primer boceto de periodización que, junto a la adquisición de múltiples habilidades motoras a través del karate, crearon seguramente las bases de mi futura transformación con el BIIOSystem. De hecho, es precisamente la falta de cualidades básicas (movilidad, coordinación, resistencia, etc) que a menudo bloquea la natural evolución de los ejercicios más importantes del Bodybuilding. Incompetencias motrices que en la actual sociedad hipocinética son siempre más frecuentes y deben resolverse para  poder crear un bagaje de habilidades que permita a nuestro cuerpo expresarse al máximo de sus posibilidades.

Todo ese trabajo empezaba a dar sus frutos y llegué por primera vez con 18-19 años a los 77-80 kg x 187 cm bastante definido. Recordaba con simpatía ciertas discusiones con mis amigos cuando hablábamos de transformación muscular y los 80 kg parecían un objetivo exagerado.

Sin embargo, ahora que los había alcanzado no me perecían tantos y obviamente… ¡quería más! Cada día pasaba con mi mochila delante del Bar de mi pueblo para ir a entrenar, mientras mis amigos (que jugaban a las cartas) me decían:

“Andevás Robbé? ¿Qué quieres volverte como Bruce Lee?”.

El finde, a menudo no salía o volvía a casa muy pronto ya que los domingos siempre había alguna competición o entrenamiento con otros atletas agonistas del CTR (centro técnico regional), pero no se trataba desde luego de ningún  sacrificio porque simplemente amaba entrenar y quería ser el número uno.

Sucesivamente, en sólo 3 años de práctica intensiva, obtuve el cinturón negro 1º dan, empecé a enseñar a principiantes y entré a formar  parte de la sociedad  deportiva como consejero técnico y dirigente. Al mismo tiempo comencé a trabajar a tiempo parcial come instructor en la sala  de pesas y como Personal Trainer (en “defensa personal”) en el mismo gimnasio donde entrenaba. Amaba trasmitir lo poco que sabía y empecé a sentir una fuerte curiosidad referente al  estudio de todo lo que en aquel entonces podía encontrar sobre la didáctica del aprendizaje y la teoría del entrenamiento.

Mientras tanto el Culturismo “Natural” se hacía cada vez más espacio entre mis pasiones aunque en verdad, ignoraba el problema Doping. En el gimnasio se respiraba una autentica sensación de sana competitividad, seguramente algunos usaban “algo”, pero yo me encontraba totalmente al margen. Recuerdo todavía la vergüenza que pasé cuando mi instructor me recomendó por primera vez la Creatina, no tenía ni idea de lo que era, pero para mí eso era todo menos que natural, obviamente la rechacé. Probablemente me asusté por el hecho de haber visto a mi compañero, Alessandro, que de repente, en pocos meses se había vuelto enorme, con estrías en bíceps y pectorales. Cuando le pregunté cómo había conseguido crecer tanto y tan de prisa, respondió “Tomé un poco de… Creatina”… ¡Bendita inocencia!

INICIALIZANDO… BIIO-TRASFORMACIÓN

Lo que de verdad sentía que faltaba en mi programa con pesas era una programación que se pareciera a la que seguía para el Karate (preparación general – fase competitiva– fase de transición) que leía atentamente en los trabajos de Aschieri (técnico de la FIJLKAM). El problema pareció evidente cuando, solicitando un cambio de rutina al instructor, después de 4 o 5 meses siguiendo el mismo programa la respuesta fue “¿Ya te has cansado?”. La rutina “nueva” era prácticamente la misma pero con el orden de los ejercicios invertido (en vez de Press Banca + Aperturas era Aperturas + Press Panca).

Fue entonces cuando me di cuenta que algunos compañeros del gimnasio empezaban a tirar como bestias, hacían cosas extrañas como series interrumpidas (Rest-Pause) escribían todo en tablas en A4 que no tenían nada  que ver  con las clásicas rutinitas repletas de dibujitos pre-estampados que todos nos aprendíamos de memoria  y después abandonábamos en el cajón de las rutinas. Una tarde, antes de cerrar el gimnasio, aproveché para cotillear  aquellas extrañas rutinas y me quedé flipando: “Preparación Fuerza, Fuerza 1, Fuerza 2, Maximales, etc.”, ¡Cosa seria! Finalmente tenía la sensación de haber encontrado algo con una base lógica. El día después corrí hacia el instructor: “Quiero probarlo yo también!”. Me dio en mano un dosier “Manual del Instructor de Natural Bodybuilding” y corrí a toda prisa para ir a fotocopiarlo donde normalmente “clonaba” las partituras de mis guitarristas preferidos.

Finalmente había encontrado una interesante programación con pesas y además, abiertamente declarada Natural.

Me identificaba plenamente con lo que estaba leyendo ya que en aquel entonces un chavalote (culturista) que trabajaba conmigo había sufrido un infarto mientras dormía con sólo 23 años. Detestaba cualquier tipo de droga por lo que, leer claramente que el doping producía un impacto tan tremendo sobre la metodología del deporte, encendió aún más mi entusiasmo en la aplicación de las nociones aprendidas. Aquello que sujetaba en mano era en definitiva el primer boceto del libro que sucesivamente fué publicado como “La Scienza del Natural Bodybuilding” – 2001 (traducido al castellano como BIIOSystem Lifestyle R-Evolution – 2009).

Tenía las llaves del gimnasio por lo que me entrenaba antes de la apertura con mi mejor alumno de Karate y amigo Emanuele, sin camiseta, con Heavy Metal “a toda pastilla” y gritando KIAI (Grito de Karate) en cada repetición final…

Estaba motivadísimo y seguro que los resultados iban a llegar pronto. Por otro lado nuestros conocimientos sobre la ejecución técnica de los ejercicios se limitaba a pequeñas perlas de sabidurías recibidas de nuestro instructor (y segurata) Enrico, que se intercalaban a exclamaciones acerca de teorías Nazis y su amado Futbol entre un bocadillo y otro. Además no aplicábamos correctamente ciertos principios ya que por ejemplo creíamos que el Rest Pause se debía siempre realizar sin dejar la barra, por lo que en el gimnasio se veían aberraciones como gente colgando de la barra de dominadas durante 10-15” tras una repetición y la otra o aguantando con el 90% del maximal sobre los hombros. Aun así, los resultados fueron asombrosos, tanto desde el punto de vista de la Fuerza como del Estético, dado que no seguía ningún tipo de dieta particular (comía cuanto más posible intentando ingerir cada vez más Proteinas,  pocas Grasas, toneladas de Carbohidratos) y CERO suplementos.

Durante los últimos años de entrenamiento había aumentado progresivamente la ingesta proteica, llegando a 87 kg x 188 cm, un fantástico  resultado que premiaba 8 años  de entrenamiento. Pero, ¡¡habí

a llegado el momento de pasar a otro nivel!! Después de los primeros 6 meses de BIIO, esto es lo que sucedió:

 

FECHA

MARZO 2001

AGOSTO 2001

Inicio Prep. FUERZA
HASTA HIpertrofia
ALTURA

187.5 cm

187.5 cm

PESO

87 kg

94 kg

GRASA Plicometria (3 pliegues)

9%

10%

 

Grupos Musculares (perimetro)

Inicio Prep.FUERZA
Hasta  Hipertrofia
CUELLO

40 cm

44 cm

HOMBROS

123 cm

132 cm

PECHO

107 cm

117 cm

TORAX

100 cm

105 cm

CINTURA (altura ombligo)

83 cm

86 cm

PIERNA(bajo el Gluteo)

57 cm

63 cm

GEMELOS

36 cm

38.5 cm

BICEPS

37 cm

40.5 cm

ANTEBRAZO

30 cm

35 cm

 

MAXIMALES
Hasta Preparación FUERZA
Hasta Programa Fuerza
“DILDO” SQUAT(No habiendo tenido nunca un buen instructor tardé otros 10 años para corregirlo) ¼ de cuclilla al Multipower con 220 kg  (porque con barra “Libre” Tenía miedo de hacerme daño… BuaH!!! No comment) ¼ de cuclilla al Multipower con 250 kg. Durante un entrenamiento me hice daño por 1º vez en la espalda y empecé a pensar que algo no iba del todo bien…
PRESS TRAS NUCA

76 kg

86 kg

PRESS DE TRÍCEPS

110 kg

130 kg

PRESS BANCA

120 kg

140 kg

PESO MUERTO

100 kg (nunca hecho antes)

100 kg (panico a hacerme daño)

JALONES INVERTIDO

115 kg

126 kg

CURL DE BÍCEPS

55 kg

62 kg

En aquel entonces finalicé el servicio militar y vivía prácticamente como un Atleta de Elite: dormía 9-10 horas cada día y ¡¡Sin Despertador!! (Qué buenos tiempos), cero preocupaciones, comía como un animal (mi madre: “pero esto no es un bocadillo de pan con jamón, es de jamón con pan”). Se me ponen los pelos de punta recordando los mega-batidos de fruta y leche que engullía después de un enorme plato de pasta al mediodía: picos de Insulina para hacer dormir a un Mamut…

Pero, la “buena suerte” (en el entrenamiento), estaba a punto de cambiar porque en septiembre de ese mismo año, mi vida sufrió un cambio radical: lo dejé todo para mudarme a España!!

Clicl Aqui para leer la 2ª parte

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Pero esta es otra historia que os contaré con gusto en la 2º parte…

FUENTE:
www.Olympian.it

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