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Salud intestinal mediante la Dieta

TRABAJO DE FIN DE CURSO por Javi Blanco

Este trabajo trata de las relaciones entre los alimentos y algunos trastornos intestinales como la colitis ulcerosa (enfermedad que me fue diagnosticada allá por 2007); un análisis del ciclo de acontecimientos que se producen en el intestino de los enfermos, y la forma en que la dieta de carbohidratos específicos puede romper ese círculo y permitir que el cuerpo vuelva a su funcionamiento normal.

Pruebas científicas relacionadas con la dieta

La bibliografía médica es rica en informes sobre los efectos favorables de los cambios en la dieta en la evolución de la enfermedad intestinal. En fechas tan antiguas como 300 d.C., un médico romano describió con detalle un trastorno con diarrea que sería como la enfermedad celíaca, y sugiere que el ayuno, junto con el empleo de zumo de llantén, un miembro de la familia del plátano, puede curar la enfermedad. En 1745, el príncipe Carlos, el joven pretendiente al trono del Reino Unido, sufrió colitis ulcerosa y se dijo que se había curado a sí mismo tomando una dieta sin leche.

En los primeros años del siglo XX, numerosos médicos aumentaron nuestro conocimiento acerca del efecto de los alimentos en los problemas intestinales. El doctor Christian Herter, profesor de la Universidad de Columbia, advirtió que en todos los casos de niños con diarrea y debilidad, las proteínas se toleraban bien, las grasas se toleraban de forma regular y los carbohidratos (azúcares y almidones) muy mal. Indicó que la ingestión de algunos carbohidratos casi siempre provocaba recaída o reaparición de la diarrea después de un periodo de mejoría. En esas fechas, el doctor Samuel Gee, otro pediatra de fama mundial, observó con claridad varios hechos importantes que los investigadores modernos siguen sin aceptar. Decía que si los pacientes con enfermedad intestinal podían curarse, sólo sería posible a través de la dieta. Añadía también que la leche era el alimento menos adecuado para los problemas intestinales y que los alimentos con alto contenido en almidón (arroz, maíz, patatas, cereales) tampoco eran apropiados. Afirmó: <No debemos olvidar que lo que lo que el paciente ingiere por encima de su poder de digestión, es perjudicial>. Cualquier alimento, en particular los carbohidratos, administrado a una persona con problemas intestinales debería, por tanto, ser un alimento que requiera poca o ninguna digestión, de modo que el proceso digestivo en sí mismo no interfiera en la absorción de los carbohidratos. Al contrario de lo que piensan algunos, los carbohidratos no digeridos (y, por tanto, no absorbidos) no pasan a través del intestino delgado y del colon, y salen con las heces, sin causar daños. De alguna forma y en algún lugar del tracto digestivo están provocando problemas.

Existen muchas pruebas recientes que apoyan la hipótesis de que la evolución de diversos problemas intestinales puede cambiar de manera favorable mediante la manipulación de los tipos de carbohidratos ingeridos. Los pacientes con fibrosis quística han respondido muy bien a la eliminación de ciertos carbohidratos de sus dietas, en especial el azúcar refinado (sacarosa) y el azúcar de la leche, la lactosa, así como el almidón. La lactosa se ha visto implicada infinidad de veces en la colitis ulcerosa, la enfermedad de Crohn y otros tipos de trastornos intestinales denominados diarrea <funcional>. La eliminación de la lactosa de las dietas de los pacientes con estos problemas ha producido una mejoría importante.

La investigación de la enfermedad de Crohn ha producido algunos resultados impresionantes en relación con los carbohidratos en la dieta. En los años ochenta aparecieron dos artículos en la bibliografía médica. El primero ofrecía los resultados de los doctores Von Brandes y Lorenz-Meyer de Marburgo, Alemania Occidental, que lograron la remisión en veinte pacientes con enfermedad de Crohn prohibiéndoles alimentos y bebidas que contenían carbohidratos refinados, fundamentalmente sacarosa y almidón. En el segundo estudio, con veinte pacientes con enfermedad de Crohn, unos cambios en la dieta que implicaban la eliminación de alimentos concretos, en particular cereales y productos lácteos, produjeron remisiones prolongadas. Los doctores que llevaron a cabo la investigación concluyeron que <la manipulación de la dieta puede ser una estrategia terapéutica a largo plazo eficaz para le enfermedad de Crohn>.

Dos de tres estudios sobre los hábitos dietéticos de pacientes con colitis ulcerosa demostraron un elevado consumo de pan y patatas, junto con un alto consumo de azúcar refinado (sacarosa). En uno de los estudios, llevado a cabo con 124 pacientes, se concluyó que <no se puede descartar un factor dietético en la colitis ulcerosa, en especial con relación al pan>

El doctor Claude Morin del Hospital Sainte-Justine de Quebec presentó sus resultados acerca del tratamiento de cuatro niños con enfermedad de Crohn de larga evolución. Cuando el doctor les administraba, a través de sonda nasogástrica, una dieta elemental sintética que contenía el monosacárido glucosa (un azúcar simple) como principal fuente de carbohidratos, los niños mostraban un incremento importante de peso y altura, así como la remisión de los síntomas. A diferencia de la sacarosa, la lactosa y el almidón, la glucosa no requiere digestión y, por tanto, es más probable que sea absorbida por las células del intestino delgado. Este azúcar <predigerido> puede pasar con facilidad a través de las células absortivas intestinales, entrar en la corriente sanguínea y nutrir el cuerpo. La glucosa en la dieta elemental sintética, así como la glucosa que se encuentra en las frutas y en la miel, no está excluida del poder de absorción de las personas con un sistema digestivo alterado.

El doctor J. Rainier Poley de la Eastern Virginia Medical School ha demostrado una conexión entre la diarrea y la incapacidad para digerir el almidón y los disacáridos. Mediante el examen al microscopio de la superficie intestinal de pacientes con diversas formas de diarrea, el doctor Poley descubrió que la mayoría de los pacientes habían perdido la capacidad de digerir disacáridos debido a una excesiva producción de moco por las células intestinales. Parecía que una capa anormalmente espesa de moco superficial estaba evitando el contacto entre los disacáridos y las enzimas digestivas de las células absortivas. Los azucares que precisan de digestión no pueden ser procesados y, por tanto, no son absorbidos para nutrir al individuo. El doctor Poley ha demostrado que este fenómeno se produce en los que padecen enfermedad celíaca (enteropatía sensible al gluten), intolerancia a las proteínas de la soja, intolerancia a la proteína láctea de la vaca, diarrea intratable de la infancia, diarrea crónica en niños, infecciones parasitarias del intestino (Giardia), fibrosis quística del páncreas y enfermedad de Crohn.

Los carbohidratos (azúcares y almidones) pueden eludir con más facilidad la digestión y, por tanto, la absorción. Será evidente que cuando esto ocurre, permanecen en el tracto intestinal y son utilizados por el ambiente bacteriano del intestino, que depende de estos carbohidratos disponibles para obtener la energía que necesitan para vivir y multiplicarse. Levaduras y bacterias producen cambios en los carbohidratos que pueden dañar el intestino; el cual, en respuesta a estos derivados bacterianos, puede segregar un exceso de moco. Entonces se inicia una cadena de acontecimientos.

 

Cadena de acontecimientos

En la actualidad, resulta difícil determinar el primer paso que desencadena el círculo en el que están implicados los carbohidratos de la dieta y el crecimiento bacteriano intestinal. Ya en 1922, el doctor Robert McCarrison advirtió a sus colegas que las enfermedades intestinales iban en aumento. Les pidió que recordasen que las bacterias, a menudo consideradas culpables de la enfermedad intestinal, dependen de las condiciones de vida, en especial de la nutrición, que <con frecuencia preparan el substrato corporal para el crecimiento de estos microorganismos>. Resulta sensato pensar que los carbohidratos no digeridos ni absorbidos que permanecen en el intestino pueden servir como <substrato corporal> que estimula el crecimiento de los microorganismos implicados en los trastornos intestinales.

En diversas condiciones, un intestino que no funciona bien puede verse abrumado con facilidad por la digestión de carbohidratos que requieren numerosos procesos digestivos. El resultado es un medio que mantiene un crecimiento excesivo de levaduras y bacterias intestinales, que inicia o mantiene la cadena de acontecimientos.

El objetivo de la dieta sería privar al ambiente bacteriano del intestino del alimento que necesita para su crecimiento excesivo. Mediante la utilización de una dieta que contenga predominantemente carbohidratos <predigeridos>, una persona con problemas intestinales puede estar correctamente nutrida, sin sobreestimular a la población bacteriana intestinal.

Bacterias intestinales: el mundo oculto

Las dos cosas más peligrosas que un astronauta introduce en su capsula durante un vuelo prolongado son su cerebro y su flora intestinal. Bengson

 

Una persona es sólo lo que sus microbios hacen de ella. Kopeloff

Los médicos e investigadores admiten en general que, durante los trastornos intestinales y las enfermedades intestinales crónicas, se pierde el estado de equilibrio normal y armonioso entre las bacterias intestinales que viven en nuestro tracto gastrointestinal.

Antes del nacimiento, el intestino humano no tiene bacterias. Sin embargo, en el nacimiento se produce una invasión masiva del tracto gastrointestinal, y pronto se puebla de diversos tipos de bacterias que dependen del tipo de leche ingerida, así como de otros factores ambientales. Una parte del crecimiento bacteriano se desarrolla a partir del contacto con la piel de la madre; otro se origina a partir del aire. Si el bebé toma el pecho, más del 99% de las bacterias del intestino son de un tipo. A medida que ingiere otros alimentos, desarrolla una amplia variedad de bacterias.

Los estudios han revelado que, al final, más de cuatrocientas especies de bacterias viven en el colon humano. El estómago y la mayor parte del intestino delgado normalmente no albergan más que una población escasa de flora bacteriana. Sin embargo, el número de bacterias aumenta en la parte inferior del intestino delgado, el íleon, debido a su proximidad al colon, rico en bacterias.

En el tracto intestinal sano, las bacterias intestinales viven en apariencia en un estado de equilibrio; la actividad de unas bacterias impide la sobreabundancia de otras. Esta competencia entre bacterias evita que cualquier tipo invada el cuerpo con sus productos de desechos o toxinas.

El tracto intestinal

Otro importante factor protector que actúa para mantener la escasa población bacteriana del estómago y del intestino delgado superior es la elevada acidez producida por el ácido clorhídrico del estómago, en la que las bacterias normalmente no pueden sobrevivir. Además, la perístasis normal (ondas de contracciones musculares involuntarias) barre a muchas bacterias del intestino para ser expulsadas con las heces y, por tanto, disminuir su número.

Sin embargo, puede producirse un sobrecrecimiento bacteriano en el estómago y el intestino delgado por diversas razones, como por ejemplo:

  • Interferencias con la elevada acidez del estómago por el uso continuo de antiácidos.
  • Disminución de la acidez del estómago, como ocurre en el proceso de envejecimiento.
  • Malnutrición o una dieta de baja calidad y el consiguiente debilitamiento del sistema inmunológico del cuerpo.
  • Tratamientos con antibióticos que provocan una amplia gama de cambios bacterianos. Una bacteria que normalmente reside en el intestino sin provocar efectos perjudiciales puede sufrir una amplia gama de cambios como resultado de un tratamiento con antibióticos.

Cuando se altera el equilibrio normal del colon por alguna razón, sus bacterias pueden emigrar hacia el intestino delgado y el estómago, impidiendo la digestión, compitiendo por los nutrientes y sobrecargando el tracto intestinal con sus productos de desecho. En las primeras fases del sobrecrecimiento bacteriano en el intestino delgado, se altera la absorción normal de la vitamina B12. Existen muchas evidencias de que la B12 no se absorbe bien cuando las bacterias que se multiplican en el intestino delgado evitan la absorción por el íleon.

Una forma sensata e inofensiva de luchar contra la población aberrante de bacterias intestinales es manipular el suministro de energía (alimento) mediante la dieta. La mayoría de las bacterias intestinales necesitan carbohidratos para obtener energía. Si se priva a los microbios intestinales de su fuente de energía, su número disminuye poco a poco, junto con los productos que fabrican.

 

Romper el círculo vicioso

De todos los componentes de la dieta, los carbohidratos son los que más influyen sobre las bacterias intestinales. A través de un proceso de fermentación de los carbohidratos disponibles, que permanecen en el tracto intestinal, las bacterias obtienen energía para su crecimiento y mantenimiento continuados.

Fermentación intestinal

Cuando la dieta contiene carbohidratos que permanecen en el tracto intestinal, en lugar de ser absorbidos hacia la corriente sanguínea, se estimula la fermentación. Los carbohidratos no absorbidos constituyen la fuente más importante de gas en el intestino. Por ejemplo, la lactosa contenida en 28,35 gr de leche, si no se digiere y absorbe, produce alrededor de 50 ml de gas en el intestino de las personas normales, peso bajo condiciones anormales, en las que las bacterias se han desplazado hacia el intestino delgado, la producción de hidrógeno puede aumentar más de cien veces.

La presencia de carbohidratos no digeridos ni absorbidos dentro del intestino delgado puede estimular a las bacterias del colon a residir en el intestino delgado y a continuar multiplicándose. Esto, a su vez, puede conducir a la formación de derivados, además de gas, que dañan el intestino delgado. Los ejemplos son el ácido láctico, el ácido acético y otros ácidos, que son ácidos orgánicos de cadena corta que se producen en estos procesos de fermentación.

Un artículo de titulado <Alimentación con cereales y la diseminación de Escherichia coli resistente a los ácidos a partir del ganado> ofrece una nueva perspectiva sobre el efecto de estos ácidos orgánicos para cambiar las características bacterianas. Desde principio de los ochenta, las investigaciones médicas han demostrado que algunas formas de colitis ulcerosa parecen provocadas por una bacteria intestinal de frecuente aparición, Escherichia coli, que como resultado de un cambio en sus características (una mutación) ha desarrollado la capacidad de producir enfermedades. Aunque existen numerosas razones por las cuales las formas inofensivas de las bacterias pueden cambiar sus características mediante mutaciones genéticas, se puede formular la siguiente pregunta: ¿están las bacterias del colon, mediante la fermentación del almidón no digerido ni absorbido, produciendo un medio acido que origina que las bacterias inofensivas se transformen en perjudiciales?

Cuando las bacterias se multiplican en el intestino delgado, la cadena de acontecimientos se transforma en un círculo vicioso, que se caracteriza por un aumento en la producción del gas, ácidos y otros derivados de la fermentación, que perpetúan el problema de malabsorción y prolongan el trastorno intestinal.

El círculo vicioso

Parece que el crecimiento bacteriano en el intestino delgado destruye las enzimas de la superficie de las células intestinales, evitando la digestión y absorción de los carbohidratos y haciendo que los carbohidratos se encuentren disponibles para posteriores fermentaciones 7. En este punto, la producción de un exceso de moco puede dispararse como un mecanismo de autodefensa, mediante el cual el tracto intestinal intenta <lubricarse> contra lesiones mecánicas y químicas provocadas por las toxinas y ácidos bacterianos, y la presencia de carbohidratos no digeridos ni absorbidos.

La dieta de carbohidratos específicos presenta un método para romper el círculo nutriendo al máximo al individuo y al mínimo las bacterias intestinales. Mediante este método, se disminuyen las tensiones sobre el intestino. La dieta está basada en el principio de que unos carbohidratos seleccionados de modo especifico, que requieren mínimos procesos digestivos, se absorben y apenas queda nada para aumentar el crecimiento bacteriano en el intestino. A medida que la población bacteriana disminuye debido a la falta de alimento, sus derivados perjudiciales también disminuyen, liberando la superficie intestinal de sustancias nocivas. Puesto que ya no necesitan protección, las células secretoras de moco detienen el exceso de producción, y la digestión de los carbohidratos mejora. La malabsorción es sustituida por la absorción. A medida que el individuo absorbe energía y nutrientes, todas las células del cuerpo se nutren de forma adecuada, incluidas las células del sistema inmunológico, que entonces pueden ayudar a vencer la invasión bacteriana.

La dieta de carbohidratos específicos

PROTEINAS PERMITIDAS

(Carne, pescado, productos lácteos, etc.): Carne de vacuno, cordero, cerdo, aves, pescado (incluido el marisco), tanto frescos como congelados, huevos, quesos naturales sin lactosa (Brick,Cheddar, suave, semigraso o fuerte, Colby, Havarti, Suizo), CUAJADA SECA de requesón. Pescado enlatado (en aceite o agua).

Prohibido

Carnes procesadas, como salchichas, salsa boloñesa, embutido de pavo, jamón especiado, pescado empanado, pescado enlatado con salsa, quesos procesados (Feta, Gjetost, Gruyere, Lonchas o queso para untar, Mozzarella, Nata, Neufchatel, Primost, Requeson normal, Ricotta), carnes ahumadas (a menos que sepa con certeza que no se ha añadido azúcar en el proceso de ahumado).

VERDURAS PERMITIDAS

Frescas o congeladas (sin azúcar o almidón añadidos). LAS VERDURAS ENLATADAS ESTAN PROHIBIDAS.

Alcachofas frescas, espárragos, remolachas, brécol, coles de Bruselas, repollo, coliflor, zanahorias, apio, pepinos, berenjena, ajo, col rizada, lechugas de cualquier tipo, champiñones, cebollas, perejil, pimientos (verdes, amarillos y rojos), calabaza, espinacas, calabacines, judías verdes, tomates, nabos, berros.

Prohibido

Los cereales como trigo, cebada, maíz, centeno, avena, arroz, espelta (y los cereales para el desayuno, el pan o la harina que los contengan).

Patatas (blancas o dulces), batatas.

Garbanzos, brotes de soja, judías de soja, fabes, habichuelas.

Harina de amaranto, harina de quínoa y cualquier sustituto de cereal de reciente introducción, como la semilla de algodón.

Germen de trigo. Algas.

FRUTAS PERMITIDAS

Frescas, crudas o cocidas, congeladas (sin azúcar añadido), y secas. Frutas enlatadas que indiquen que están <enlatadas en su propio jugo>; no las frutas enlatadas en cualquier otro jugo. Para endulzar las frutas cocidas o crudas, utilizar miel o sacarina. Todos los edulcorantes artificiales, menos la sacarina, están prohibidos.

Manzanas, aguacates, albaricoques, plátanos (maduros con manchas marrones en la piel), bayas de todo tipo (incluidos arándanos), cerezas, coco fresco o picado sin endulzar, dátiles (sólo los que están sueltos, no los que forman una masa, porque tienen jarabe y azúcar añadidos), pomelos, uvas, kiwi, limones, limas, mangos, melones, nectarinas, naranjas, papayas, melocotones, peras, piña, ciruelas, uvas pasas (mejor oscuras), mandarina.

Las personas alérgicas a los sulfitos no deben tomar fruta seca con sulfitos añadidos. Si esta sensibilidad no existe, puede tomarse de vez en cuando.

Los aperitivos de plátano seco normalmente están recubiertos con jarabe de maíz o azúcar refinado y se deben tomar, a menos que se sepa que no contienen estos aditivos.

FRUTOS SECOS PERMITIDOS

Con o sin cascara.

Almendras, pacanas, nueces de Brasil, avellanas, nueces, anacardos sin tostar, castañas. Los cacahuetes tostados en la cáscara pueden tomarse con precaución a los seis meses de comenzar la dieta, cuando la diarrea desaparece. No tomar cacahuetes con cáscara porque la mayoría tienen almidón añadido. Los frutos secos con sal están prohibidos, ya que la mayoría se han tostado con un recubrimiento de almidón.

BEBIDAS PERMITIDAS

Zumos

Utilizar el zumo de tomate enlatado está permitido (si lleva sólo sal añadida).

Utilizar el zumo de tomate para cocinar, en lugar de tomate triturado enlatado, salsa de tomate enlatada o puré de tomate enlatado. No tomar mezclas de zumo de tomate enlatadas, como cóctel de zumo de tomate u otras mezclas de zumo de tomate.

Zumo de naranja, fresco o congelado sin azúcar añadida, y zumos de naranja y pomelo enlatados sin azúcar añadida. Mientras se tiene diarrea NO TOMAR ZUMO DE NARANJA POR LA MAÑANA, porque tiende a aumentar la diarrea. Sin embargo, parece que se tolera bien en otros momentos del día.

Mosto, blanco o tinto. El mosto embotellado no suele tener azúcar añadida.

Los zumos envasados en cartón, aunque indiquen que no llevan azúcar añadido, no deben tomarse porque la experiencia ha demostrado que las personas que siguen la dieta de carbohidratos específicos no lo toleran bien.

Zumos de verduras recién exprimidos de cualquiera de las verduras permitidas.

Otras bebidas

Té o café suaves, filtrados o de puchero, sin leche o nata.

Puede añadirse achicoria molida al café filtrado o de puchero para darle más sabor.

Algunas infusiones de hierbas pueden ser laxantes. Utilizar sólo hierbabuena y menta verde.

Batidos con frutas endulzados con miel o sacarina.

 

Prohibido

Leche líquida de cualquier tipo.

Solidos lácteos secos.

Leche con acidophilus comercial, que contiene leche sin fermentar junto con la bacteria acidophilus; tiene mucha lactosa.

Suero de mantequilla comercial, nata acida comercial o yogur comercial.

Leche de soja.

Té o café instantáneo.

Sustitutos del café; la mayoría tienen malta añadida, que está prohibida.

DULCES PERMITIDOS

Las personas que siguen la dieta de carbohidratos específicos no prescinden de los dulces. Con miel, frutos secos y fruta seca pueden prepararse las más deliciosas tartas, galletas, magdalenas y caramelos.


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