Fauna de Gimansio. La Señora María IX. Un polluelo entre águilas..

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capitulo 9

“Un polluelo entre águilas”

Autores: Marta Audi.  @campanilla_fitness Josean Sancho. Entrenador Elite Coach ECN . @joseansancho Habían pasado tres meses desde que empecé a entrenar con una mínima orientación coherente gracias al Club Vip. Coherencia consistente en: no entrenar nada durante varias semanas, empezar a mi aire con una gran ilusión y metidas de patita aquí y allá, a ser orientada formalmente. Hacerme con la terminología, y además en inglés, de muchos términos no es que sea difícil, pero es un “input” más a meter en la bolsa del aprendizaje… “Maximal, bulk, rest pause, sticking point, hiperlordosis, el odiado “1-2”, etc. También había descubierto la programación a medio y largo plazo…”POR ESCRITO”. Esto último me maravilló:  todo se diseña en base a un plan, con unas progresiones y objetivos a medio, corto y largo plazo, como hago yo misma con mis alumnos de música. Las rutinas fueron reajustadas a mi nivel de fuerza, pero sobre todo a mi nivel técnico. El cardio casi desapareció, solo como algo recreativo, y la pulsera cuenta pasos, castigada, se fue al cajón de la mesilla de noche . Es increíble cómo, poniendo el foco del entrenamiento en la técnica, todo cambia, incluido el físico y la mente. Con Madrid a la vista, sabía que había mejorado de la mano del club Vip con Josean Sancho supervisándome ON-Line. Había fundido algo mis power-lorzas, seguro que algo de masa muscular y fuerza, aunque claro, de superfloja a floja es fácil de mejorar. En esos pocos meses también aprendí cómo mi mente muchas veces era esclava de un número, de mis miedos y prejuicios. 3×10 primera serie Target, decía la rutina. (Target: Serie objetivo, la importante).  Es decir, había que meter el máximo peso posible para no poder hacer más de 10 repeticiones y en las otras dos series que salieran las que salieran. ¿Adivináis cuántas salían de la primera a la tercera serie?…10, 10 y 10, matrícula de honor, soy la caña. Caña de azúcar. En cuanto Josean vio las anotaciones de la hoja de entrenamiento (sí, de esas que se anota todo), me pidió que en el próximo entrenamiento que hubiera prensa 45º, nos conectásemos on-line por video llamada. Y así fue,  teléfono en una esquina discreta y “la voz de mi conciencia” dándome las instrucciones: –          Carga la prensa con todos los kilos que creas que puedes hacer 10 repeticiones. –          ¿Tantos y desde el principio?. –          Sí. Metí 80 kilos, me encajé como me había enseñado con más empeño todavía al saber que lo tenía de vigía. –          Muy bien Marta, dale. –          Una, dos, tres….oooocho, nueeeve y diezzzzzzzz…Ufffff. –          Muy bien Marta. Cuántas crees que podrías haber hecho de más? –          Uy, no lo sé dos o tres más. –          ¿Y por qué paraste?. –          Porque solo había que hacer 10. –          De acuerdo, si la instrucción era meter todo el peso posible para 10 repeticiones, y te quedas a dos o tres por debajo, sigue haciendo repeticiones. Ahora vas a hacer lo siguiente, vas a cargar la prensa con 100 kilos y vas a dejar de hacer repeticiones cuando yo te diga. ¿De acuerdo? –          ¿100 kilos? ¿Tres dígitos? ¿Estás seguro?. Josean, que yo soy muy “María”. –          Sí, estoy seguro. Confía en mí. Pues venga…100 kilos y que sea lo que Dios quiera. –Una, dos, tres… oooochooo, nueeeeeve, uffff, dieeeeeeezzz….(Sigue, no pares -me susurra por el auricular), oooonce, doooooce, treeece, catorce, quince, dieciséis, diecisete…diecinueve, veiiiiiiiinte. (Vale, para- dijo al fin). Ese día acabé metiéndole 140 kilos a la prensa, y fue el principio del verdadero conocimiento  hacia mi potencial sin ideas limitantes. Meses más tarde llegaría otra lección:  llegar al fallo total en la propia sentadilla y dejar que las lágrimas consolaran a María. Llegué a Madrid un viernes, viajando, como nunca antes había viajado: con una bolsa de gimnasio. Sin importar mucho el resto de equipaje, en aquél viaje lo imprescindible eran las zapatillas de halterofilia y una libreta para tomar apuntes. Pasear por Madrid al anochecer cerca de la navidad tiene magia. Puedes caminar junto al enorme pino de navidad de la Plaza España y cruzarte con personas de todo el planeta que se retratan, literalmente, dentro de él o perderte sin querer, o queriendo, entre sus calles hasta aparecer en el Palacio Real, con su patio solitario tras las rejas y un cielo iluminado por una enorme luna llena que se me antojó puesta a propósito para no olvidar jamás la escena. Al día siguiente, personas conocidas en las redes iban a tomar forma como Josean; Carlos Campos, subcampeón del mundo un mes antes en el mundial de Boston; Sonia Janeiro, una de las pocas mujeres integrante del Club Vip, de la que me tenían maravillada sus dominadas y sentadillas pesadas. Y muchos otros y otras desconocidos que a mi pensar, sabían y llevaban más tiempo que yo en este deporte. Puesto que María no quiso venir, me tocaba asumir todas las responsabilidades, desde el cuerpo presente que me representaba, a las dotes deportivas inmaduras que María no quiso que le fueran asignados. El encuentro se organizó con la posibilidad de poder asistir a un congreso gratuito organizado en un hotelazo de cinco estrellas, de los de mariscal uniformado en la puerta para ayudarte a abrir la puerta del coche. Era el What a Woman. Durante ese fin de semana decenas de conferencias dedicadas al mundo de la mujer en el contexto del fitness, la psicología femenina, etc llenarían sus salones de conferencias. Tenía claro que quería asistir a la master class de suelo pélvico, impartida por varias fisioterapeutas. Una ponencia teórica y práctica que me encantó y me hizo descubrir la importancia y las peculiaridades de nosotras, las mujeres, una vez hemos dado a luz, y el cómo prevenir problemas a futuro en todo el suelo pélvico como las famosas pérdidas de orina. Me hubiera gustado ver ahí a muchos entrenadores varones. De quizás 120 asistentes sólo había tres varones, uno de ellos Josean, quien no paró de tomar apuntes durante toda la ponencia. Poco después se unió a nosotros Sonia Janeiro, una mujer de bandera, vestida con una chupa de cuero motera, unas mayas de licra negras, botas altas y una coleta morena que le llegaba a la cintura que no dejaba indiferente a nadie a su paso. Asistimos a una ponencia de una youtuber, instagramer, influencer de moda, y como ya me olía desde un principio: fue un chasco, un conjunto de diapositivas encadenadas sin mucha suerte y gracia buscando ilusionar y motivar a los más de 300 asistentes que abarrotaban la sala. Mucha estrella con muy poca realidad. Llegó la hora de comer, y ahí me di cuenta de cómo una competidora se prepara, Sonia llevaba sus propios tapper con las raciones de comida que ya tenía previsto comer durante ese día. Llegó la tarde, y como un polluelo, con las alas aún pegadas a los costados, llegué a un primer encuentro con Carlos, el anfitrión y otros compañeros del club en el gimnasio OK  Más, de Torrejón de Ardoz, el cual iba a estar abierto para nosotros de forma gratuita gracias a las gestiones de Carlos. Aun así, yo esperaba el giro final, desconfiando, intuyendo que aquellos humanos, al ponerse el chándal, dejarían de serlo… Y no solo se quitaron el chándal, Carlos Campos, sub-campeón del mundo WNBF hacía unas pocas semanas, se quitó la ropa para hacernos la exhibición de su rutina de poses libre del campeonato. Sorpresa fue la mía al comprobar que Carlos, casi desnudo, no era un búfalo hinchado sino un deportista musculado, un cuerpo griego del Olimpo, estéticamente equilibrado con unas proporciones para nada alarmantes. Más sorprendente fue la entrevista que le hizo y grabó Josean (clic vídeo), en la que la cercanía y la muestra de que hablamos de un deporte de décadas fue muy evidente. En realidad, Carlos no estaba tan grande muscularmente como para haber entrenado desde los 15 años. Si te gusta la lectura, te aconsejo la versión escrita. Tras la entrevista vino la sesión técnica de los básicos, en la que pude observar que cada atleta tiene sus propias limitaciones, como Sonia Janeiro con sus manos de mantequilla le eran imposible de pasar de 84 kilos en peso muerto, pero en media hora, y tras los consejos técnicos adecuados, puso su nueva marca en 105 kilos ((clic vídeo) Eso es lo que realmente humanizó la quedada, que cada uno, dentro de su nivel pudiera compartir sus puntos débiles y que todos podíamos aprender cómo superarlos. Yo era una suma de puntos débiles físicamente, pero algo más allá del físico me había llevado hasta allí. Cierta fortaleza mental me hizo organizar ese viaje y marcar un antes y un después en mi voluntad de mejorar y comprender las bases técnicas de este deporte. Desde un glúteo desactivado, a mucha incomodidad en el encaje de los básicos, una sensación de desconocimiento total de la “jerga” y una incapacidad total a detectar el propio error eran algunas de los inconvenientes que acarreaba. Pero, las águilas abrieron sus alas y me mostraron pacientemente movimientos, máquinas, poleas, barras y ejecuciones técnicas básicas con las que me pudiera ir a casa y poder entrenar. Allí me hicieron mi primera plicometría, mi primer control, y con ello pusimos números reales a mi composición corporal:  la cosa rondaba en un 27% de garasa. Peso: 61k. Altura: 1,67m Edad: 35 años. 7 Pliegues J&P: Cuádriceps 27, suprahilíaco 24, abomen 28, midaxilar 13, escapular 22, tríceps 21 y pecho 7.  Qué fríos son los números. Fueron casi 5 horas, CINCO, en las que todo pasó volando, la entrevista a Carlos, su exhibición, la master class de básicos de Josean, la mini sesión e posing solo para chicas de Sonia,  la charla en el exterior del gimnasio, ya cerrado y de noche, no queriéndonos despedir unos de otros a pesar de que algunos tenían que volver a coger el coche con 5 horas por delante para llegar a altas horas de la madrugada a sus casas. Pensar que María y yo nos habíamos quejado más de una vez porque para ir a entrenar tenía que coger el coche 15 minutos… Recuerdo una conversación con Sonia, en la que Josean le preguntó sobre qué era lo que motivaba para subirse a un escenario en bikini y tacones – Ahí arriba me siento poderosa– fue la respuesta, así que, aunque fuera por unos segundos fantaseé con sus zapatos puestos. La cena posterior fue otro descubrimiento en la hamburguesería Manhattan de Torrejón de Ardoz. Lejos del pan de avena integral y el zumo detox de kale, chia y perejil, allí, en el Manhattan, pude ver cómo comen los culturistas. Y no cómo comen, sino ver que comen, ¡que comen de verdad! Yo, que llevaba meses con la dieta del césped, panga y atracón, vi la odisea en el espacio viendo a Carlos zamparse una hamburguesa tan grande como un plato. Sin miramientos y sin finuras ridículas entendí que no estaban enfermos, la enferma había sido yo, mal interpretando la información y las imágenes de moda, culpando a María de comerse sus queridas galletas y sus horchatas en verano. La cena fue especialmente amigable, impregnada de cierta ilusión, cercanía y buen humor. Josean, a quien solo había conocido tras una pantalla con sus correcciones desde hacía meses, cenó a mi lado, compartiendo de forma anecdótica con el resto las pequeñas trifurcas que ya María había tenido en el gimnasio desde que había entrado en el club. Al día siguiente, antes de partir hacia casa, Sonia, Josean y yo disfrutamos de tres horas de entrenamiento conjunto en un céntrico gimnasio de Madrid rodeado de dopados. ¡Qué lujo tener a los dos a mi lado con un continuo feedback positivo incomparable! Había que repetirlo, así que en la siguiente quedada ese entrenamiento libre del día siguiente iba a estar en el programa de la quedada. De Madrid volví con la misma bolsa de gimnasio, las mismas zapatillas y la misma muda, esta vez sucia. Pero todo lo bueno que me llevaba era invisible, pues la buena energía del equipo, su cercanía, sus teléfonos en mi agenda y el saber, que ante cualquier duda iban a ayudar tenían un valor incalculable y me llenaban de fuerza para meterme en este mundo tan desconocido. La motivación creció de forma brutal, y con Josean, codo a codo, empezamos a trabajar en la suma de puntos débiles que me caracterizaban. Llamadas telefónicas, vídeos constantes, análisis, explicaciones, preguntas de Josean para hacerme pensar…un proceso que nos llevó a María y a mi muchísimo esfuerzo. Ya en casa, María me recibió con los brazos abiertos, la vida seguía, y pese al trabajo y a la familia nos agarramos a la disciplina como garrapatas, entrenando y cumpliendo con los entrenamientos a raja tabla. Para María, fue un proceso duro, y de ella salió la mejor necesidad que habríamos podido tener, la de perseguir a Josean Sancho allí donde fuere, y así, no solo disfrutar aún más del proceso, sino dar un paso más en nuestra implicación y aprendizaje deportivo. Capítulo anterior. Capítulo siguiente.

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